alojamiento en El Calafate

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——- Cómo es la oferta hotelera en El Calafate

La oferta de alojamiento en El Calafate es muy amplia, con hoteles de todas las categorías y precios. A pesar de la gran oferta de establecimientos hoteleros, el alojamiento en El Calafate es el más caro de todos los que nos encontramos en la Patagonia. La fiebre del oro que se ha apoderado de la ciudad en la última década ha llevado a la abertura de innumerables hoteles que presentan sus tarifas en dólares americanos y que están dirigidos casi exclusivamente al turista internacional que llega con los bolsillos llenos de dinero. Si buscáis hoteles boutique, en El Calafate los vais a encontrar a puñados. Si buscáis alojamiento razonable a precio decente, preparaos para sufrir.

——- Nuestro alojamiento en 2008: Miyazato Inn, ¡muy recomendado!

En nuestra segunda visita a El Calafate hicimos un esfuerzo grande por acertar con nuestro alojamiento. Elegimos la Miyazato Inn. Nuestras razones:

  • reseñas excelentes en Trip Advisor, donde aparecía en el primer lugar en la lista de hoteles de El Calafate
  • recomendación personal de un amigo que se hospedó en ella
  • respondieron rápidamente a todas nuestras consultas
  • no nos exigieron hacer un depósito por transferencia bancaria (complicado y caro desde el extranjero), solo tuvimos que dar los datos de nuestra tarjeta de crédito como garantía

Miyazato Inn, El Calafate

Nos quedamos cuatro noches y pagamos USD$81 por noche (el precio en su página es de USD$90, nos dieron un descuento del 10% por pagar en efectivo). En su página en internet aparecen publicadas las tarifas.

Por el dinero que pagamos tuvimos una preciosa habitación de matrimonio con baño privado. La primera impresión del cuarto fue excelente, con una decoración simple pero muy cuidada y con preciosos detalles. Una cama grande y comodísima, un baño nuevo. El precio incluye un desayuno muy bueno, con zumo, café o te, pan, mermeladas, mantequilla y deliciosos croissants, servidos por la siempre atenta y amable Elizabeth.

Nos quedamos muy satisfechos con nuestra elección. Si solo fuera por la parte física de la hostería, ya le daríamos una buena nota. Pero es que es la atención personal de sus dueños, Elizabeth y Jorge, la que supone una gigantesca diferencia con cualquier otro lugar en el que hayamos estado antes. Son una pareja dedicada a garantizar que el huésped tenga el mejor alojamiento posible, siempre atentos, simpáticos, dispuestos a ayudar, a dar un consejo, a conversar. Te hacen sentir en casa.

La hostería está a 10 minutos a pie del centro de El Calafate, en una zona residencial absolutamente tranquila. A camino del centro pasaréis por la panadería Don Luis, una buena excusa para cometer algún que otro exagero calórico.

——- Nuestro alojamiento en 2007: América del Sur Hostel, una decepción

En nuestra primera visita a El Calafate, y dados los precios con los que nos encontramos, no barajamos muchas posibilidades, y nos decantamos directamente por el America del Sur Hostel. Nuestras razones:

  • unanimidad casi absoluta en las reseñas, describiéndolo como un lugar fabuloso como gente maravillosa
  • uno de los valores más asequibles para un cuarto privado con baño
  • respondieron rápidamente a la primera consulta que les envié por correo electrónico

Nos quedamos tres noches y pagamos AR$140 por noche. En su página en internet no aparecen publicadas las tarifas. Si entráis en contacto con ellos os enviarán un documento en el que aparece toda la información detalladísima. No entendemos por qué esa información no está en Internet.

El hostal no está lejos del centro. El único problema que presenta su localización es una empinadísima pendiente de tierra que hay que subir para llegar al mismo. Con tiempo seco, ningún problema. Después de llover, debe ser bastante complicado. Como el hostel está en lo alto de una colina, tiene unas vistas muy bonitas.

El Calafate, Argentina

Los AR$140 que pagamos nos dieron derecho a una habitación de matrimonio con baño privado. La primera impresión del cuarto fue buena. Una vista preciosa de las montañas, una cama grande (con poco espacio alrededor), y un lavabo nuevo. Baño y ducha separados. Luego descubrimos algunos problemillas. Almohadas que parecían de papel de fumar, que destrozaron mi cuello. Ningún lugar para colgar las toallas – las empleadas de la limpieza las dejaban colgadas en las puertas abiertas de los armarios-.

El desayuno, incluido en el precio, fue el más flojo que hemos probado en muchísimos años viajando por el mundo. Para servir zumo de naranja concentrado en el que hay 9 partes de agua y una de zumo es mejor no servir nada. El chico que servía el desayuno a primera hora de la mañana estaba completamente desbordado. Había que pedir todo. ¿Tienes un vaso? ¿Una servilleta? Te has olvidado de traernos el dulce de leche. ¿Hay más café?

No nos quedamos satisfechos con nuestra elección, y con este comentario rompemos una interminable serie de reseñas positivas. El gran problema que le vimos al America del Sur es que no parece haber una distinción entre la informalidad en el trato (bienvenida) y la informalidad en el servicio (inaceptable, especialmente porque los AR$140 que pagamos por el cuarto no tenían nada de informal). Los únicos elogios que podemos hacer van dirigidos a Iván, el chico que estaba en la recepción cuando llegamos. Nos atendió de forma cordial, informal, pero al mismo tiempo eficaz y profesional. Como ejemplo de la informalidad en el servicio, lo que nos pasó un día al volver al hostal después de una excursión de 10 horas. Habíamos salido del hostal a las 7 de la mañana, y al volver a las 8 de la tarde e ir a darnos una ducha, nos encontramos con que no había agua. No es que no hubiera agua caliente, es que no había agua. Ni para ducharse, ni para lavarse las manos ni para nada. Al ir a preguntar en recepción, nos dijeron (como si fuéramos unos pesados) que no nos preocupáramos, que el agua volvía ya. No nos pidieron disculpas, no nos explicaron qué pasaba, el mensaje fue “no os pongáis nerviosos”. El hecho es que no hubo agua hasta la mañana del día siguiente. Pero mis AR$140 los quisieron toditos, sin descontar ni uno solo. Otro ejemplo de falta de profesionalidad. Las empleadas que limpian en los cuartos dejaban las toallas limpias tiradas por los pasillos, llenos de arena ellos.