comida en El Calafate

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La oferta de comida de El Calafate se parece bastante a la hotelera: es cara y buena. De los destinos patagónicos que hemos visitado, El Calafate es también el más caro desde el punto de vista de la gastronomía.

Cuando visitamos El Calafate por primera vez nos llevamos un susto ya en la primera noche: salimos a cenar a las 9 de la noche y comenzamos a pasar restaurantes y más restaurantes, todos llenos o con fila para entrar. ¡Y estábamos en la temporada baja! Cuando había uno que tenía mesas libres, le echábamos un vistazo a la carta y entedíamos por qué (¡ni en Puerto Madero en Buenos Aires cobran esos precios!). En los días siguientes descubrimos que la estrategia era variar el horario de las comidas y adelantarse a la turbamulta.

Casi todos los restaurantes están en la avenida Libertador. De hecho, casi todo en El Calafate está en su calle principal (con la excepción de los hoteles). El Calafate fue el único lugar de la Patagonia en el que hemos visto que la gente se arregla para salir a cenar. En Ushuaia se sale a cenar con la misma ropa de la excursión que has hecho durante el día. En la Península Valdés exactamente lo mismo. En El Calafate, no. Había abrigos de pieles que despertaban mis instintos más animal-rights, había ropas caras. Lo que en parte se explica porque gran parte del turismo que va a El Calafate es de gente adinerada que solo va a hacer excursiones con el máximo confort.

Aquí está una lista de los restaurantes que probamos durante nuestras dos visitas a El Calafate:

  • restaurante la Vaca Atada. Desesperados, cansados y hambrientos, en nuestra primera noche de búsqueda de un lugar en el que cenar acabamos entrando resignados en el primer restaurante que no parecía un robo y tenía mesas vacías. Al ver los precios del menú nos pareció que íbamos a ser las víctimas de un atraco a mano armada. Cuando vimos el tamaño de la comida que nos fue servida cambiamos de opinión. Precios medios, porciones muy generosas y comida muy decente. Volvimos a la Vaca Atada en 2008, las porciones habían disminuido un poco pero sigue manteniendo una buena relación precio calidad.
  • pizzaria La Lechuza. Uno de los más recomendados por los que no van a El Calafate con la intención de arruinarse. Comimos en él dos veces, una vez pizza, y otra empanadas. Nos sumamos a las recomendaciones. Comida deliciosa a un precio decente. Abre al mediodía y ya no cierra hasta la madrugada. Por la noche está abarrotado. Volvimos a La Lechuza en 2008, las empanadas seguían estando deliciosas, pero el servicio era un poco calamitoso, debido en gran parte al éxito del restaurante, que estaba siempre abarrotado y no siempre tenía el número de camareros que le harían falta.
  • parrilla Rick’s. Otro clásico entre las recomendaciones. Al contrario que las parrillas de Ushuaia, aquí no te sirves tú sino que el camarero te trae a la mesa las carnes que le pides. Funciona por el sistema de tenedor libre, en nuestra última visita estaba costando AR$37, valor que debe haber aumentado bastante desde entonces. Aquí comimos uno de los mejores corderos patagónicos del viaje. Como La Lechuza, el Rick’s está siempre abarrotado.
  • restaurante El Cucharón. En la avenida 9 de Julio (perpendicular a la avenida principal). Al estar a dos manzanas/cuadras de la avenida principal, los precios caen y la calidad sube. Una pena que descubriéramos este restaurante en nuestra última noche de nuestra visita más reciente a El Calafate. Si no, habríamos repetido varias veces.
  • restaurante Casimiro Biguá. Nos tomamos un café solo en su terraza. Pagamos unos escandalosos AR$8 por un café diminuto y, mucho peor, frío. Si os queréis sentir estafados, ya sabéis adonde tenéis que ir.

Nuestra experiencia gastronómica en El Calafate acaba aquí. No llegamos a ir al famosísimo La Tablita. Siempre había filas en la puerta. En la avenida principal, probamos las dos heladerías (una a cada lado de la calle), excelentes ambas. No dejéis de probar el helado de calafate, que es una baya que se encuentra en los bosques de la Patagonia.

En el supermercado La Anónima, también en la avenida principal, os podéis abastecer de víveres para la excursión del día siguiente.