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El Calafate

 
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Con la comida nos ocurrió como con el alojamiento. Fue el más caro de todo el viaje. A diferencia de éste, sin embargo, fue de excelente calidad.

El gran susto nos lo dimos la primera noche. Salimos a cenar a las 9 de la noche y comenzamos a pasar restaurantes y más restaurantes, todos llenos o con fila para entrar. ¡Y estábamos en la temporada baja! Cuando había uno que tenía mesas libres, le echábamos un vistazo a la carta y entedíamos por qué (¡ni en Puerto Madero cobran esos precios!). En los días siguientes descubrimos que la estrategia era variar el horario de las comidas y adelantarse a la turbamulta.

Casi todos los restaurantes están en la avenida Libertador. De hecho, casi todo en El Calafate está en su calle principal (con la excepción de los hoteles). El Calafate fue el único lugar de nuestro viaje en el que vimos que la agente se arreglaba para salir a cenar. En Ushuaia salíamos a cenar con la misma ropa de la excursión que habíamos hecho durante el día. En la Península Valdés hicimos exactamente lo mismo, como todo el mundo. En El Calafate, no. Había abrigos de pieles que despertaban mis instintos más animal-rights, había ropas caras. Lo que en parte se explica porque gran parte del turismo que va a El Calafate es de gente adinerada que solo va a hacer excursiones con el máximo confort.

- restaurante la Vaca Atada. Desesperados, cansados y hambrientos, en nuestra primera noche de búsqueda de un lugar en el que cenar acabamos entrando resignados en el primer restaurante que no parecía un robo y tenía mesas vacías. Al ver los precios del menú nos pareció que íbamos a ser las víctimas de un atraco a mano armada. Cuando vimos el tamaño de la comida que nos fue servida cambiamos de opinión. Precios medios, porciones muy generosas y comida muy decente.

- pizzaria La Lechuza. Uno de los más recomendados por los que no van a El Calafate con la intención de arruinarse. Comimos en él dos veces, una vez pizza, y otra empanadas. Nos sumamos a las recomendaciones. Comida deliciosa a un precio decente. Abre al mediodía y ya no cierra hasta la madrugada. Por la noche está abarrotado.

- parrilla Rick's. Otro clásico entre las recomendaciones. Al contrario que las parrillas de Ushuaia, aquí no te sirves tú sino que el camarero te trae a la mesa las carnes que le pides. Funciona por el sistema de tenedor libre, ahora está costando AR$37. Aquí comimos uno de los mejores corderos patagónicos del viaje. Como La Lechuza, el Rick's está siempre abarrotado.

Nuestra experiencia gastronómica en El Calafate acaba aquí. No llegamos a ir al famosísimo La Tablita. Siempre había filas en la puerta. En la avenida principal, probamos las dos heladerías (una a cada lado de la calle), excelentes ambas. No dejéis de probar el helado de calafate, que es una baya que se encuentra en los bosques de la Patagonia.

En el supermercado La Anónima te puedes abastecer de víveres para la excursión del día siguiente.

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