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El Calafate |
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| Introducción | Transporte | Alojamiento | Comida | Excursiones | Cuándo ir | ||||||||||||||
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En El Calafate no faltan excursiones para llenar los días que paséis en la región. Algunas se pueden hacer por libre, otras hay que contratarlas a través de agencias que tienen el monopolio de la actividad. GLACIAR PERITO MORENO La razón de ser de El Calafate es, por supuesto, el glaciar Perito Moreno. Con ello no queremos decir que no tenga rivales a su altura, pero son menos conocidos y su acceso más complicado. Los turistas cruzan el globo para ver el Perito. El glaciar se encuentra a 60 kilómetros de El Calafate. Se llega hasta él por medio de una carretera (la ruta 11) asfaltada en su mayor parte (solo quedan 7 kilómetros de ripio en el tramo final, a partir del hotel Los Notros). Los paisajes camino del glaciar son bellísimos y predisponen positivamente al visitante para la experiencia que le espera más adelante. Se tarda entre una hora y una hora y media en llegar al glaciar (más si vais haciendo paradas en el camino, como nosotros). Existen tres formas de visitar el glaciar: - comprando una excursión con alguna agencia de El Calafate (todas ellas la venden). Creo recordar que costaba AR$80. Te van a buscar al hotel, te llevan al glaciar, te dicen cuánto tiempo puedes estar, y te llevan de vuelta al hotel. - usando el autobús que va al glaciar. En la sección de transporte de la página oficial de Turismo de El Calafate están los horarios actualizados del servicio. En octubre había dos autobuses que iban al glaciar por la mañana y dos autobuses que volvían por al comienzo de la tarde. En la temporada alta hay más servicios. Cuesta AR$60 la ida y vuelta. En octubre no había ningún horario que te permitiera quedarte en el glaciar hasta el atardecer. - yendo en un coche alquilado. Es lo que hicimos nosotros. La ventaja es evidente, te puedes quedar en el glaciar todo el tiempo que quieras. También es interesante económicamente, teniendo en cuenta que dos personas van a gastar un mínimo de AR$120 para ir hasta el glaciar en autobús. Como he señalado, fuimos al glaciar en el coche que habíamos alquilado. De hecho, salimos del aeropuerto volando hacia el hostal, dejamos el equipaje, y zumbados hacia el glaciar, que queríamos aprovechar las últimas horas de luz del día (el sol se pone un poco después de las 8 de la tarde). Como entramos en el Parque Nacional después de las 6 de la tarde, el control de acceso ya estaba cerrado y no tuvimos que pagar los AR$30 que cuesta la entrada al parque. Cuando todavía falta una docena de kilómetros para llegar al Perito, éste aparece después de una curva en el camino. ¡Qué visión! Decidimos no parar y continuar hasta el glaciar. El estacionamiento está justo en el comienzo del sistema de pasarelas que permite visitar el glaciar (están instalando pasarelas nuevas en estos momentos, más grandes y sólidas). La primera impresión es alucinante. Amor a primera vista. Cuesta racionalizar la visión de un espectáculo tan grandioso y de un azul tan mágico e intenso. Por si fuera poco, el glaciar sostiene un monólogo constante con sus visitantes. Desde el momento en el que pones los pies en las pasarelas comienzas a oír los crujidos del hielo, los pedazos que se desprenden tanto en las grietas internas del glaciar como en la parte frontal del mismo. Se marcha un grupo de españoles para los que el grito pelado parece dar sentido a su vida. ¡Menos mal! Y ya está, nos hemos quedado solos delante de la mole de hielo. Solo un poco después descubriremos que hay otras dos personas que también han decidido acabar el día en la compañía del glaciar. Viniendo como lo hacemos de Brasil siempre se te enciende la lucecita de alarma. ¿Solos en un lugar tan turístico? ¿No estaremos exponiéndonos a algún disgusto? Pero en seguida ese pensamiento se desvanece. La Patagonia es un lugar seguro, no estamos en Brasil. La altura de la pared frontal del glaciar llega a intimidar, especialmente conforme se va bajando al nivel inferior de las pasarelas. El par de horas siguiente lo pasamos recorriendo las pasarelas y observando las formas misteriosas del hielo. De vez en cuando, un pedazo grande de hielo se desprende de la parte frontal del glaciar y cae con gran estruendo al lago. Es increíble el tamaño de la ola que el hielo levanta. Dos minutos después de la caída del bloque de hielo todavía avanza la ola por el lago. El Perito Moreno es uno de los pocos glaciares del mundo que continúa avanzando. Como resultado de este movimiento, se producen desprendimientos constantes en toda la parte frontal del glaciar. Como está anocheciendo no nos podemos quedar en el Perito todo el tiempo que nos gustaría - serían horas y horas -, tenemos que volver a El Calafate. El último tramo de carretera de vuelta a la ciudad lo hacemos ya envueltos en la oscuridad. Es una conducción tensa, porque hay muchos animales pequeños cruzando la carretera, principalmente liebres. A la ida ya habíamos visto muchos atropellados, y no queremos incrementar la lista de víctimas. Al día siguiente nos vamos a El Chaltén. Pero no nos queda la más mínima duda, madrugaremos lo que haga falta, pero volveremos al glaciar a primera hora de la mañana antes de partir hacia El Chaltén. Dicho y hecho, a las 8 de la mañana, cuando todavía no ha llegado absolutamente nadie al Perito, ya estamos ahí de nuevo. Es un reencuentro feliz y una auténtica sorpresa, porque descubrimos un glaciar con una luz bien de la del atardecer del día anterior. De las dos fotos siguientes, la primera fue realizada al final de la tarde, la segunda por la mañana temprano. Nos marchamos del Perito sabiendo que éste es un lugar al que se vuelve, sin duda alguna. Quizás haya sido el error más grande de nuestra planificación viajera. Al Perito Moreno hay que dedicarle todo el día. Llegar bien abrigado, con comida para aguantar todo el día, y sentarse a contemplarlo, porque es un espectáculo único, sin igual. NAVEGACIÓN POR LOS GLACIARES El Perito Moreno es el glaciar más conocido. Pero el Parque Nacional de los Glaciares no acaba en él. La única forma de conocer otros parajes del parque es hacer un paseo en catamarán por el lago Argentino. El monopolio de las excursiones en barco por el glaciar lo tiene la empresa Fernández Campbell. Os guste o no, si queréis hacer la excursión, la tendréis que realizar con ellos, sometiéndoos a la extorsión que practican en materia de precios. Lo cortés no quita lo valiente: la excursión es imprescindible, hay que hacerla a toda costa; pero los precios que cobran, especialmente cuando se tiene en cuenta lo que costaban hace cinco años, hace un par de años, o el año pasado, son auténticamente escandalosos y solo son posibles por la ausencia total de otras empresas. Solo en el último año, el precio del transporte hasta el embarcadero ha subido un 100%. Sí, el turista extranjero lo puede pagar, qué remedio queda, pero que me cuenten cuántas familias argentinas pueden desembolsar AR$268 por cabeza para hacer la excursión (más la entrada al Parque Nacional). Ese parece ser el destino de El Calafate, convertirse en un destino tan exclusivo que pocos argentinos (por no hablar de otros latinoamericanos) van a poder conocer uno de los lugares más alucinantes de su tierra. La excursión que hicimos, y que recomendamos a todo el mundo, es la navegación llamada Todo Glaciares. Cuesta AR$240 más AR$28 de transporte hasta el puerto del que salen los catamaranes más AR$30 (ahora ya cuesta AR$40) de entrada al Parque Nacional. Existe una clase VIP, por la que se paga AR$90 más, que es un auténtico camelo. La única diferencia es que los pasajeros van sentados en unas butacas mayores justo detrás del capitán del barco. Y tienen café gratis. Con esos precios, no es de sorprender que las butacas de la clase VIP estuvieran todas vacías. La navegación de hoy va a ser el único contacto que vamos a tener en nuestro viaje con el turismo masificado y burrificado. Filas, empujones, mal humor, no queda otro remedio que acostumbrarse. Los catamaranes en los que se realiza la navegación son grandes, amplios y cómodos, con ventanas enormes desde las que se contempla perfectamente el paisaje. Dentro no se pasa frío. Fuera ya es otra cosa. Tened en cuenta que los glaciares son gigantescas masas de hielo que crean un microclima propio. Cuanto más se acerque el barco a los glaciares más sentiréis el frío. Nuestro consejo es que intentéis permanecer dentro del barco mientras navega y que salgáis únicamente cuando este se detenga para contemplar témpanos de hielo o los glaciares. Fue muy divertido porque un montón de gente se apostó en la parte externa del catamarán desde el comienzo de la navegación y media hora después entró al barco tiritando de frío. La navegación transcurre por el Brazo Norte del interminable lago Argentino. Para adentrarse en el lago el barco cruza por el estrecho de la Boca del Diablo. A la izquierda del barco, inmensos paredones de roca que hacen que la embarcación parezca una hormiga diminuta. Poco a poco van apariendo los primeros témpanos de hielo, desprendidos del glaciar Upsala muchos kilómetros más adelante, que provocan los primeros movimientos nerviosos en el barco. Cada vez aparecen icebergs mayores, que cada día cambian de posición - por esa razón la empresa nunca garantiza poder llegar a todos los puntos del recorrido; depende de la posición de esos gigantescos témpanos de hielo -. La navegación Todo Glaciares lleva a tres puntos del Parque. El primero es el glaciar Spegazzini, que a nosotros nos pareció el más impresionante de cuantos vimos en la región. Además de tener el paredón frontal de hielo más alto, se encuentra encajonado entre montañas, con un espectacular glaciar que cae sobre su parte derecha como si se tratase de una cascada. Durante el tiempo que el catamarán permaneció parado delante del glaciar se produjeron varios desprendimientos de hielo (ver la foto de la derecha a continuación). Después del Spegazzini, una larga navegación hasta el mayor de todos los glaciares del parque, el Upsala, con sus increíbles 60 kilómetros de longitud y casi 600 km2 de superficie. A pesar de su grandiosidad, el Upsala no impresiona tanto como el Spegazzini o el Perito Moreno, porque el barco no se acerca a más de 800 metros de la parte frontal del glaciar. Los grandes desprendimientos son constantes, y ya se han producido en el pasado derrumbamientos simultáneos de toda la parte frontal del glaciar. El catamarán tiene que guardar una cierta distancia como medida de seguridad. Como casi todos los glaciares del mundo - el Perito Moreno es una excepción - el Upsala está retrocediendo, y lo hace a una velocidad alarmante. Después del Upsala, el catamarán se encamina hacia la bahía Onelli, donde se desembarca durante una hora y media para almorzar en la orilla de la laguna Onelli. En esa parada hay un restaurante donde no debéis hacer la locura del almorzar. No porque sea caro (no sé cuánto cuesta la comida ahí) sino porque si almorzáis en el restaurante, no visitáis la laguna. Todo el mundo se lleva la comida desde El Calafate, lo suficiente para hacer un picnic a la orilla de un lago lleno de témpanos de hielo y rodeado de glaciares impresionantes por todas partes. No os olvidéis de levantar la vista, la zona es sobrevolada continuamente por cóndores. Después de la comida, se embarca de nuevo en el catamarán y se pone rumbo a Punta Bandera, el puerto de partida de la excursión. En el camino se vuelve a pasar al lado de témpanos gigantes, y el capitán vuelve a parar el barco para que los pasajeros disfrutemos de la vista. Se llega al puerto a mitad de la tarde. De ahí, autobús a El Calafate. En total, 150 kilómetros de navegación por uno de los paisajes más impresionantes, deslumbrantes y maravillosos del mundo. RESERVA LAGUNA NIMEZ En el mismo El Calafate, al lado del lago, hay una laguna donde se encuentra la reserva Laguna Nimez (entrada AR$2), cita absolutamente imprescindible para cualquiera que ame las aves, y también para aquellos que saben valorar las bellezas de la naturaleza. La riqueza faunística de la reserva es impresionante. Debimos ver 30 especies de aves en la hora y media que pasamos recorriendo la reserva (de no haber soplado un viento huracanado esa tarde nos habríamos quedado mucho más tiempo). Los flamencos andinos no dejarán de maravillar a nadie, con su brillante colorido y su elegante silueta. En El Calafate hay una colonia de varios centenares que migran a la ciudad cuando llega la primavera. Nos contaron que como el último invierno no fue muy riguroso, un buen número de flamencos no se marcharon de El Calafate. Además de en la reserva, podéis ver decenas de ellos alimentándose en la Bahía Redonda, mientras paseáis por la avenida Costanera. OTRAS EXCURSIONES Diferentes agencias de El Calafate ofrecen varias excursiones por los glaciares, que incluyen la navegación delante del Perito Moreno y el paseo por el mismo glaciar (ice-trekking). Como no hicimos ninguna de ellas no podemos comentaros nada al respecto. El ice-trekking en particular tiene un precio bastante elevado. |
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