El Chaltén

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ruta 23, Patagonia, Argentina

A 220 kilómetros del El Calafate se encuentra El Chaltén, la autodenominada capital del trekking. Un pueblecito fundado en 1985 en el contexto de disputas fronterizas entre Argentina y Chile y que hasta el día de hoy conserva un inconfundible sabor de tierra de frontera.

El Chaltén, Patagonia, Argentina

Más que una población, El Chaltén parece un asentamiento improvisado que a pasos agigantados quiere seguir el camino del desarrollo descontrolado de El Calafate – en pequeña escala -. No obstante, la dificultad de acceso y el duro invierno durante el cual la localidad casi deja de existir ejercen de freno a esa expansión imparable.

El Chaltén

Hemos visitado El Chaltén en dos años consecutivos (en octubre de 2007 y noviembre de 2009). En ambos casos, sabíamos de la existencia de excursiones en el día desde El Calafate a El Chaltén, y también teníamos claro que no era eso lo que queríamos. En 2007 reservamos tres noches de alojamiento en el pueblo para tener dos días completos para poder andar por las montañas. En 2008 fueron dos noches en El Chaltén.

El Chaltén
El Chaltén, Patagonia, Argentina

2007, LA DECEPCIÓN.

El Chaltén fue la única decepción de nuestro viaje, aunque me parece que el término es demasiado fuerte y se hace necesaria una explicación. El lugar es increíble, y a los amantes de la alta montaña les va a parecer el paraíso. Como no he estado en Torres del Paine, no tengo como establecer una comparación entre ambos lugares, pero muchos de los que han visitado las dos zonas afirman que El Chaltén no tiene nada que envidiar a su vecino chileno. El único problema que tuvimos en El Chaltén fue el tiempo. En los cuatro días que estuvimos en el pueblecito no llegamos a ver el mítico Fitz Roy en toda su gloria. De el no menos mítico Cerro Torre, mejor ni se hable.

Parecía una broma de mal gusto que nos estaba gastando la montaña, especialmente porque el día en el que llegamos el Fitz Roy había amanecido despejado, pero la naturaleza es así. Hay que adaptarse a ella o quedarse en casa. De perdidos, al río. No dejamos que el mal tiempo estropeara nuestra estancia en El Chaltén, aunque es cierto que el disfrute de la región fue mucho menor que el que hubiéramos tenido con tiempo bueno.

Otro factor también contribuyó a disminuir el placer de estar en El Chaltén. Había muchas excavadoras y apisonadoras trabajando en las calles del pueblo, que están comenzando a ser asfaltadas. Soplaba el viento huracanado característico de la zona. En circunstancias normales, se habría podido aguantar sin muchos problemas. Pero con los interminables montones de arena apilados por las máquinas, las calles de El Chaltén parecían el Sáhara en el medio de una tormenta de arena. Y como no somos tuaregs, la convivencia con la arena en suspensión fue bastante complicada.

Después de nuestra estancia nos preguntamos: ¿volveríamos a El Chaltén? Y la respuesta fue: sí, sin duda. Tuvimos mala suerte, eso es todo. Si en lugar de nubes hubiéramos visto un cielo azul en torno a las montañas estaríamos ahora cantando las grandezas del lugar. Sin imaginarnos que estaríamos de vuelta al año siguiente, se nos ocurrió que, de volver, a lo mejor en lugar de tres noches pasaríamos únicamente dos. En caso de mal tiempo, se minimiza el tiempo que pasas sin poder hacer nada. Con dos noches en El Chaltén tenéis el mínimo imprescindible para ver lo básico. Y si tenéis la mala suerte de encontraros con mal tiempo, habréis minimizado el sufrimiento. En cualquier caso, aunque solo fuera por la carretera, el viaje ya habrá valido la pena.

2008, EL ÉXTASIS.

Y volvimos a tomar la ruta 23 rumbo a El Chaltén. Esta vez, para dos noches. Y una vez más nos encontramos con el Fitz Roy completamente cubierto, con un frío considerable, y un viento asustador. Fuimos directos a la cama, resignados.

El Chaltén

Al día siguiente las montañas volvieron a amanecer cubiertas. ¡Qué se le va a hacer! Volvimos a subir al Mirador de los Cóndores, desde donde vimos varios de ellos y pudimos contemplar cómo El Chaltén había crecido en solo un año. Y, al mismo tiempo, comenzamos a emocionarnos porque parecía que el Fitz Roy estaba venciendo la lucha contra las nubes. Todavía no aparecía en toda su gloria, pero estaba llamando a la puerta.

Paramos un instante en el Centro de Visitantes del Parque Nacional y los guardas nos contaron que la predicción meteorológica para las próximas horas apuntaba a cielos despejados. ¿Será que finalmente vamos a ver el Fitz Roy?

Por la tarde hicimos la excursión en barco al Glaciar Viedma (descrita en la sección de excursiones). Y mientras volvíamos navegando por el lago, tuvimos la primera visión de la cumbre del Fitz Roy. Poco después, en la carretera, vimos ya al Fitz Roy y al Cerro Torre rodeados de nubes.

Cerro Torre & Fitz Roy, Patagonia

Cuando anocheció, la cordillera estaba ya completamente despejada y pudimos disfrutar desde el mismo pueblo de una vista increíble de las siluetas de las montañas. Como todo apuntaba a que el amanecer iba a ser espectacular, nos levantamos a las cinco de la mañana para poder presenciar el increíble momento en el que el color naranja se apodera de la cordillera durante unos minutos haciendo que nos olvidemos por un instante del increíble frío que estamos pasando.

Fitz Roy, Patagonia, Argentina

No pasó mucho rato y todo el macizo cambió rápidamente de color, con las primeras nubes amenazando cubrir el Cerro Torre. Cuando salimos de El Chaltén camino de vuelta a El Calafate lo hicimos con el corazón alegre y satisfechos por haber conseguido por fin disfrutar de una de las vistas más hermosas que nuestras pupilas han presenciado jamás.

Fitz Roy, El Chaltén, Patagonia