Comida en Ushuaia

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Le damos muy buena nota a la comida en Ushuaia, donde comimos bien a precios relativamente razonables – nos esperábamos que todo fuera más caro en la Tierra del Fuego -. Como la temporada turística todavía estaba en sus comienzos, no había filas en los restaurantes y no tuvimos problemas para comer en ningún lugar. Fue nuestro primer contacto con el omnipresente – y casi siempre delicioso – cordero patagónico, además de con algunas especialidades de la gastronomía local.

cordero patagónico / lamb

La mayoría de los restaurantes se concentran en la calle principal, la San Martín. En la avenida Maipú, al lado del muelle, hay varios restaurantes especializados en marisco. Aquí va una breve reseña de algunos de los lugares en los que comimos y cenamos durante nuestra estancia en Ushuaia.

  • Parrilla Arco Iris (el nombre no debe sorprender al ser de un propietario chino). Como otros restaurantes de la zona, la comida funciona con el sistema de tenedor libre, se paga una cantidad fija y se come a voluntad. El restaurante es casi el último (o el primero) de la calle San Martín, está en el número 98. Después de lo que vimos en otras parrillas, nos pareció que la variedad de la comida ofrecida en este restaurante era mucho mayor, a un precio sensiblemente menor (AR$29 por persona). Entre la comida caliente dispuesta en un mostrador central, había rabas, que tenía unas ganas inmensas de comer. En la parrilla, cordero patagónico, cómo no, el primero de muchos que degustaríamos durante nuestro viaje. Además de morcilla, chorizo y otras carnes.
  • Restaurante Tía Elvira. En la avenida Maipú 349, justo enfrente del muelle turístico. Si os sentáis en alguna de las mesas de la ventana el canal de Beagle os acompañará durante la cena. Una de las especialidades locales que no podéis dejar de probar en Ushuaia es la centolla (el king crab inglés). Existen varios restaurantes que la preparan, y en algunos veréis los acuarios con los bichitos todavía vivos. Entre los varios lugares que nos recomendaron, se repetía siempre el Tía Elvira, y a él nos dirigimos. El lugar está profusamente decorado, y su salón principal está presidido por una gigantesca centolla (no sabemos si disecada o de escayola). Además de la centolla, pedimos la otra especialidad local, la merluza negra, cuya carne, a pesar del nombre, es blanca, blanquísima. Ninguno de los dos platos es barato, pagamos AR$65 por un plato de centolla y AR$58 por la merluza negra. Nos pareció que la centolla, sin ser nada del otro mundo, era suculenta. Con la merluza negra casi nos desmayamos de increíblemente deliciosa que estaba.

Además de la Tía Elvira, otros restaurantes que nos recomendaron donde probar la centolla fueron el Volver y el Tante Nina, los tres muy cerca el uno del otro.

  • Casa de té La Cabaña. Al lado del comienzo del telesilla que sube al glaciar Martial hay una simpática casa de té en la que comimos unos pedazos de pastel injustificadamente caros, y bebimos un té rico en aromas. Todo ello servido por un niño que no debía tener ni 12 años y que parecía bastante habituado al trabajo. ¡Atención!
  • Café-bar Tante Sara (San Martín). De los hornos de esta pastelería, localizada en la calle principal, salieron los mejores dulces que probamos en Ushuaia. Como chocólatras confesos que somos, repetimos varias veces. Los precios no eran baratos pero, al contrario que en La Cabaña, estaban justificados.
  • Cafetería Banana’s (San Martín, 273). En la calle principal. Tienen un menú bien económico con comida decente, servida a cualquier hora del día.
  • Restaurante 137 Pizza & Pasta (San Martín, 137). Entramos el día que nos íbamos y comimos unas empanadas bastante ricas a precios justos. Probé una empanada de centolla antes de decir adiós a Ushuaia.
  • Confitería Lago Roca. El único lugar en el que comer algo caliente en el Parque Nacional de Tierra del Fuego. Comida anodina y cara en un ambiente agradable.
  • Hostería Petrel. En la orilla del lago Escondido [localización en Google Maps]. Llegamos a ella en un día gélido y nos encontramos con un salón inmenso, sin calefacción, en el que no pudimos ni quitarnos los anoraks. La única oferta gastronómica eran unas empanadas de carne, caras y sabrosas, pero que nos sirvieron imperdonablemente frías en un día en el que el cuerpo pedía calor.

Acabamos no comiendo ningún día en la parrilla La Rueda, recomendada en foros y guías. Entramos, echamos un vistazo, nos pareció que el mostrador de ensaladas era muy pobre en comparación con otros lugares, y los precios de la carta de vinos eran un pelín exagerados.